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EL DISTANCIAMIENTO CON LAS REDES SOCIALES Y LA ABSURDA MANERA DE SER DE LAS PERSONAS

Posiblemente este sea el título más largo en los casi diez años de vida de este blog. Y posiblemente esta sea la queja número cuatro mil setecientos ochenta y tres que hago en los meses recientes.

Siempre he dicho que las redes sociales no me gustan, y si, aún cuando hay ocasiones que paso tiempo en ellas, procuro no iniciar sesión tan seguido, en especial en la que puedo decir que lejos de no gustarme, en realidad detesto: Facebook.

Es cierto que las redes sociales pueden ser al igual que el propio internet una herramienta, pero por lo regular todos -incuído un servidor- terminamos desperdiciando esas herramientas y las utilizamos únicamente para pasar el rato.

Hace algunos días inicié sesión en Twitter para postear el enlace a un nuevo episodio del podcast que grabo cada semana en compañía de dos amigos. Al hacerlo, dediqué algunos minutos a leer algunas de las cosas que otros amigos publican y en la barra lateral vi un hashtag que llamó mi atención: #RenunciaEPN

El hashtag por si solo era bastante claro, no obstante yo y mi necedad de leer cosas que sé que me molestarán me hizo darle click y estar leyendo algunos de los tweets que contenían la mencionada frase. Se trataba de un llamado a inundar las cuentas oficiales del Presidente Enrique Peña Nieto con mensajes e imágenes que dijeran que estaba despedido por X número de razones, exigiéndole su renuncia.

No pretendo defender a nadie y quiero pensar que quienes no están de acuerdo con lo que se ha hecho durante el gobierno de Peña Nieto están conscientes de que su 'revolución' en redes sociales difícilmente cambiará el rumbo del país o hará 'temblar' al Presidente, en el supuesto, desde luego, que sea él quien administra sus cuentas y le importe lo que se le dice en ellas, ya que me imagino que no es poca la cantidad de insultos que recibe día a día.

Situaciones como éstas, lejos de mi opinión sobre el proceder del Gobierno Federal -o de cualquier otro- me hacen pensar precisamente en el que en la actualidad desaprovechamos al máximo infinidad de herramientas que la misma tecnología trae consigo.

Y es que por ejemplo, muchas veces me he preguntado el por qué la gente depende tanto de las redes sociales y en todo momento tienen que estar checando las actualizaciones de sus amigos y de sus 'amigos' -sabemos que no son la misma cosa-, o ver cuantos retweets o likes tienen sus fotos o publicaciones.

Es bastante común ver en la calle, en el cine, en los restaurantes y en cualquier lado infinidad de cabezas agachadas hacia el teléfono celular en lo que parece dará pie a una o varias generaciones de jorobados. ¿Es tanta la necesidad de estar en todo momento en las redes sociales?.

El taxista y en general los automovilistas aprovechan cualquier semáforo para picarle al Facebook; de igual forma en al autobús, en el metro o incluso caminando en la calle podemos ver a gente inclinada sobre la pantalla de su teléfono y ajena a lo que sucede a su alrededor.

Es cierto que cada quien puede hacer con su vida lo que se le plazca pero me parece que el mundo se ha convertido en esclavo de las redes sociales como Facebook. Si, en ocasiones es entretenido, pero amén de que el tiempo de cada uno no debiera importarle a los demás, me pregunto. ¿No sería mejor cargar un libro en lugar de estar revisando likes o retweets?.

¿Sirve de algo mandarle mensajes que serán ignorados al Presidente o a alguna otra figura pública?. Quizá sean igual de ignorados que este texto, es cierto, pero al menos aquí yo estoy expresando una opinión y no convirtiéndome en uno más de los muchos borregos pseudo-revolucionarios que hay en este país y que seguramente son los que más se quejan pero los que cuando hay elecciones salen con su "¿Para qué voy a votar?" al tiempo que revisan los likes de la foto en la que aparecen mostrándose tan guapos como sólo su foto de perfil los puede mostrar.

Es de pena ajena ver que la gente se comporte de esa forma y de que crean que a través de su smartphone van a cambiar el país cuando no son capaces ni de cambiar su vida.

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